25.7.07

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El único restaurante indio del lugar solía estar muy frecuentado, debido al ambiente exótico que lo rodeaba, aportado tanto por su comida como por su dueña. No era raro encontrar varios grupos de personas que llegaban a esperar horas por paladear su delicioso pollo tandoori. Sin embargo, los ingresos de esa noche no iban a ser los habituales. Un elevado número de agentes ocupaban recinto y alrededores con sus trajes de paisano, aguardando algún acontecimiento a las 20 horas. Ramani, su dueña, se mostró reacia a perder todas las ganancias de una noche "solo por unos números de los que ni siquiera están seguros si se refieren a unas coordenadas". Hicieron falta varios minutos de la persuasión de Gerard para convencerla.
Los segundos se hacían lentos, mientras la comida se enfriaba en los platos.

Todos contuvieron la respiración cuando a las 8 p.m. sonaba el teléfono del restaurante. Su dueña atendió la llamada y cedió el auricular al comisario apoyado en la barra:

- Le ahorraré tiempo, Gerard. Yo no buscaba la inmortalidad, pero me será concedida. Encuentre a Noe y su negocio y me encontrará a mi... si es que aún lo desea.

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4.7.07

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Se habían publicado más de 6 fotos por diario sobre los cuerpos hallados, acompañadas por artículos alarmantes sobre el "asesino post mortem". El comisario Gerard no entendía cómo la prensa podía difundir tan rápido una noticia sin ni siquiera tener argumentos suficientes para justificar aquellas palabras. "Serán cosas de este lugar"-pensaba.

La ausencia de testigos presenciales obligó a optar por vecinos que conociesen a las víctimas, a pesar de que ninguno mostrase algún gesto de lástima por lo sucedido. La mayoría atribuía una vida de perdición respecto a los interfectos y afirmaban haber visto juntos al menos a dos de ellos. El tercero, por unanimidad, fue sentenciado como "otro despojo más si es que iba con esas compañías..."

Varias horas más tarde, un teléfono sonaba tímidamente en medio de una oficina bulliciosa repleta de agentes de la ley. Gracia cogía el teléfono y apuntaba lo que parecían dictarle en un pedazo de papel:

2 0 0 0 N 7 7 0 0 E
8 p.m.


Ni siquiera tuvo tiempo de alertar al resto de compañeros. Si aquello no se trataba de una cita, iban a tener mucho alboroto en unas horas...