2.8.07

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A lo largo de toda la noche se fueron descartando posibles negocios. En un lugar tan pequeño no era difícil conseguir ese tipo de información, menos aún cuando eran las fuerzas de seguridad quienes la solicitaban. En poco tiempo, la comisaría al completo llegó a la conclusión de que no había un solo propietario, dueño, arrendatario o fundador llamado Noe en toda la ciudad; ni siquiera un negocio con ese nombre.
La falta de ideas llevó a sugerir todo tipo de conclusiones por extrañas que pareciesen. Entre ellas, la que más apoyo tuvo fue buscar a través de información bíblica una posible respuesta, llevando a interrogar a todo aquel empresario o empleado de una tienda de animales, de una carpintería e incluso a los meteorólogos reconocidos como tales.

A la mañana siguiente y habiendo pasado la noche en vela, la mayoría de los agentes interrogaban a todo aquel "sospechoso de Noe". La sorpresa llegó cuando una persona lograba intuir quien podía ser el responsable de tanto revuelo. La dueña de una de las tiendas de animales:


"Recuerdo un joven chico que venía una vez a la semana a por un ratón de laboratorio. Al principio me ilusioné creyendo que estaba preparando algún experimento para la universidad, hasta que un día entró malhumorado por la puerta, pidió uno de los ratones y lo mató tras susurrarle algo al oído... pero no pude escuchar qué fue. No podía permitir ese maltrato, así que lo eché y le dije que no volviera por aquí. Tan solo se disculpó por su actitud y me entregó éste papel..."

En dicha hoja, rezaba la siguiente inscripción: 15 p.m.

"...atónita, me acerqué a la jaula donde tenía todos mis pequeños roedores y contemplé cómo 15 cadáveres de rata yacían con las patas hacía arriba... aún no he encontrado una buena explicación para aquello..."

Aquella confidencia se alargó 20 minutos más...