8.11.09

Presente

El cuerpo de Manu yacia inerte en el suelo tras un fuerte golpe en la cabeza.

Atado a una silla, Al ladraba improperios a los habitantes de la casa.

Uno de ellos, se acercó y susurró:

- Muerto el perro, se acabó la rabia...

Era necesario demostrar con qué clase de chuchos trataban.