Artificio
Cierto olor peculiar anidaba en mis fosas nasales alimentado un ligero dolor de cabeza. Algo mareado contemplaba a mi alrededor como una estepa helada recorría hasta donde alcanzaba mi vista. Un par de almas humanas deambulaban sin rumbo mientras eran acechadas por un diablillo tras un arbusto. Ante mi, una figura gigantesca me ayudaba a incorporarme mientras recitaba alegremente ciertas normas: "en silencio permanecerás/hasta que ella te lo diga/No quieras escapar/puede que yo te siga/Cumplirás con tu pena/hasta que el hielo devore tus venas/porque al fin has llegado/a este infierno helado...". Acompañando sus palabras con una risa nerviosa me obligaba a caminar a través de aquellos campos helados. Ni siquiera era consciente del lugar en que me encontraba. Tan solo pensaba en dos cosas: incluso ahora seguía caminando más de la cuenta y para colmo la pena sentida por Áspera había arrebatado mi vida. De saber que acabaría así, me habría enfrentado directamente a Asot varios días atrás.
Tras muchos pasos, la figura gigantesca se desplomó en el suelo haciendo una reverencia. Ante ella se encontraba un ser de hielo con forma humana observándome con interés. Cuando apoyó la palma de su mano en mi pecho pude sentir como una sacudida atravesaba los escasos jirones de ropa que me protegían del frío. "Ahora deberías sentirte mejor"-dijo. Y así fue. El olor extraño desapareció y mi dolor de cabeza se esfumó con la misma rapidez. El ser de hielo chasqueó los dedos y comenzaron a brotar del suelo bloques de piedra helados, alineándose unos tras otros y formando en poco tiempo un pequeño refugio. Me encontraba aún algo sorprendido como para hacerlo más, así que simplemente me limité a observar. La figura gigantesca se retiraba balbuceando alguna de sus rimas mientras el ser helado me invitaba a tomar asiento en una improvisada silla pétrea. "El arte de la mentira -comenzó a decir- data de muchos siglos. Incluso antes de que los planos se consolidasen, los vientos soplaban calumnias para confundirse los unos a los otros. Lo que has vivido estos días ha sido una gran mentira a los ojos necios, pero una necesidad a los nuestros. Tú fuiste engañado con el fin de seguir a una dama desde la taberna. Asot fue estafado creyéndose dueño de poderes a cambio de enviarte al reino a cumplir parte de nuestro encargo. Tu rey fue engañado durante varias semanas con ensoñaciones donde veía cómo tú y aquella a quien llamas Áspera arrebataban su reinado. Por suerte, volvió a ser engañado cuando no te reconoció. El hecho de que ahora permanezcas en éste plano se debe a que fuiste tú quien tomó la última decisión en vida y a que sucedió en ese preciso lugar. De haber acontecido lo mismo en algún otro, probablemente habrías acabado entre las lamentaciones de otro infierno distinto".
Sus palabras resonaban en mi cabeza como si pudiese despertar de un momento a otro, pero nada sucedía. Siguió hablando y explicando lo que me aguardaba ahora y los motivos por los que había sido elegido para llevar a cabo una especie de defensa de los planos, remontándose a épocas y lazos consanguíneos de los que nunca había oído hablar, hasta que al fin una imagen familiar apareció ante nosotros. Por primera vez, Áspera me sonrió y dijo: "No te hemos elegido por quien eres, sino por lo que serás capaz de hacer".
Y los años demostraron todo lo que pude hacer.
- Las batallas de los terrenos de Athowyard -
Tras muchos pasos, la figura gigantesca se desplomó en el suelo haciendo una reverencia. Ante ella se encontraba un ser de hielo con forma humana observándome con interés. Cuando apoyó la palma de su mano en mi pecho pude sentir como una sacudida atravesaba los escasos jirones de ropa que me protegían del frío. "Ahora deberías sentirte mejor"-dijo. Y así fue. El olor extraño desapareció y mi dolor de cabeza se esfumó con la misma rapidez. El ser de hielo chasqueó los dedos y comenzaron a brotar del suelo bloques de piedra helados, alineándose unos tras otros y formando en poco tiempo un pequeño refugio. Me encontraba aún algo sorprendido como para hacerlo más, así que simplemente me limité a observar. La figura gigantesca se retiraba balbuceando alguna de sus rimas mientras el ser helado me invitaba a tomar asiento en una improvisada silla pétrea. "El arte de la mentira -comenzó a decir- data de muchos siglos. Incluso antes de que los planos se consolidasen, los vientos soplaban calumnias para confundirse los unos a los otros. Lo que has vivido estos días ha sido una gran mentira a los ojos necios, pero una necesidad a los nuestros. Tú fuiste engañado con el fin de seguir a una dama desde la taberna. Asot fue estafado creyéndose dueño de poderes a cambio de enviarte al reino a cumplir parte de nuestro encargo. Tu rey fue engañado durante varias semanas con ensoñaciones donde veía cómo tú y aquella a quien llamas Áspera arrebataban su reinado. Por suerte, volvió a ser engañado cuando no te reconoció. El hecho de que ahora permanezcas en éste plano se debe a que fuiste tú quien tomó la última decisión en vida y a que sucedió en ese preciso lugar. De haber acontecido lo mismo en algún otro, probablemente habrías acabado entre las lamentaciones de otro infierno distinto".
Sus palabras resonaban en mi cabeza como si pudiese despertar de un momento a otro, pero nada sucedía. Siguió hablando y explicando lo que me aguardaba ahora y los motivos por los que había sido elegido para llevar a cabo una especie de defensa de los planos, remontándose a épocas y lazos consanguíneos de los que nunca había oído hablar, hasta que al fin una imagen familiar apareció ante nosotros. Por primera vez, Áspera me sonrió y dijo: "No te hemos elegido por quien eres, sino por lo que serás capaz de hacer".
Y los años demostraron todo lo que pude hacer.
- Las batallas de los terrenos de Athowyard -

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home