La misión
Tras llevar caminando el tiempo suficiente como para que mi cuerpo se resintiese por el cansancio y el hambre, Áspera se detuvo. Decidí llamarla así puesto que, además de mostrarse reticente a mantener una conversación medianamente prolongada conmigo, tampoco mostró
actitud ninguna en desvelarme su nombre. Nos encontrábamos en mitad de un prado, sin nada alrededor excepto hierba, así que me emocione pensando en las palabras mágicas que solían decir los hechiceros en estos casos para hacer aparecer ante ellos algún tipo de entrada secreta
o edificio imperceptible al ojo corriente... pero nada. Solamente estábamos en medio de la voluptuosa naturaleza, observando hacia ninguna parte y sin nada que hacer.
Tras un largo silencio y ausencia de movimiento comenzaba a sentirme lo suficientemente
aburrido y engañado como para volver a emprender un camino en solitario, así que con una palmada en la espalda decidí despedirme de mi silenciosa compañera. Fue entonces cuando las cosas comenzaron a perder aun más el sentido. Al intentar tocar su hombro mi mano la atravesó, haciéndome perder el equilibrio ante tal inesperado hecho. Comencé a recorrer su cuerpo con mis manos para comprobar su incorporeidad mientras Áspera comenzaba a reírse apasionadamente, llegando incluso a alcanzar la sensualidad. Esta vez sí me habían atrapado. De mis bolsillos extraje los últimos fragmentos de cristal explosivo y, alzándolos en el aire, amenacé con utilizarlos y hacer desaparecer aquel pedazo de tierra con todos los que allí nos encontrábamos, a menos que me diesen alguna explicación rápida. Otra carcajada, esta vez de varón, añadió más incertidumbre a los hechos, salvo que en este caso
resultaba familiar. Asot, capitán de la guardia más veterano, apareció ante mi de la nada. Sorprendido por aquellas habilidades mágicas recientemente adquiridas, apunté que antes de atraparme seríamos los dos pasto de gusanos si pretendía encerrarme de nuevo. Él tan solo negó con la cabeza e hizo aparecer más guardias con la prodigiosa facilidad como hizo consigo mismo. Ahora vamos a hablar de negocios. Ante una situación como esa, las posibilidades de escapar vivo se reducían bastante, así que me vi obligado a escuchar su oferta.
Asot explicó con sencillas palabras la tarea a realizar: elimina a nuestro rey. La recompensa era la libertad de huir a cambio de quitarle la vida a un soberano capaz de mantener un reino
con cierta cordura durante varios años, a quien había jurado fidelidad hasta el momento en que las cosas se complicaron; era lo más rastrero que me había planteado jamás, pero también era la única vez donde realmente mi vida estaba en peligro. Con actitud inmoral estreché la mano del capitán mientras la risa de Áspera seguía resonando de fondo.
- Las batallas de los terrenos de Athowyard -
actitud ninguna en desvelarme su nombre. Nos encontrábamos en mitad de un prado, sin nada alrededor excepto hierba, así que me emocione pensando en las palabras mágicas que solían decir los hechiceros en estos casos para hacer aparecer ante ellos algún tipo de entrada secreta
o edificio imperceptible al ojo corriente... pero nada. Solamente estábamos en medio de la voluptuosa naturaleza, observando hacia ninguna parte y sin nada que hacer.
Tras un largo silencio y ausencia de movimiento comenzaba a sentirme lo suficientemente
aburrido y engañado como para volver a emprender un camino en solitario, así que con una palmada en la espalda decidí despedirme de mi silenciosa compañera. Fue entonces cuando las cosas comenzaron a perder aun más el sentido. Al intentar tocar su hombro mi mano la atravesó, haciéndome perder el equilibrio ante tal inesperado hecho. Comencé a recorrer su cuerpo con mis manos para comprobar su incorporeidad mientras Áspera comenzaba a reírse apasionadamente, llegando incluso a alcanzar la sensualidad. Esta vez sí me habían atrapado. De mis bolsillos extraje los últimos fragmentos de cristal explosivo y, alzándolos en el aire, amenacé con utilizarlos y hacer desaparecer aquel pedazo de tierra con todos los que allí nos encontrábamos, a menos que me diesen alguna explicación rápida. Otra carcajada, esta vez de varón, añadió más incertidumbre a los hechos, salvo que en este caso
resultaba familiar. Asot, capitán de la guardia más veterano, apareció ante mi de la nada. Sorprendido por aquellas habilidades mágicas recientemente adquiridas, apunté que antes de atraparme seríamos los dos pasto de gusanos si pretendía encerrarme de nuevo. Él tan solo negó con la cabeza e hizo aparecer más guardias con la prodigiosa facilidad como hizo consigo mismo. Ahora vamos a hablar de negocios. Ante una situación como esa, las posibilidades de escapar vivo se reducían bastante, así que me vi obligado a escuchar su oferta.
Asot explicó con sencillas palabras la tarea a realizar: elimina a nuestro rey. La recompensa era la libertad de huir a cambio de quitarle la vida a un soberano capaz de mantener un reino
con cierta cordura durante varios años, a quien había jurado fidelidad hasta el momento en que las cosas se complicaron; era lo más rastrero que me había planteado jamás, pero también era la única vez donde realmente mi vida estaba en peligro. Con actitud inmoral estreché la mano del capitán mientras la risa de Áspera seguía resonando de fondo.
- Las batallas de los terrenos de Athowyard -

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