20.3.07

  No soy de los que pueden decir que desde pequeños eran ya unos genios. Cuando me preguntaban por qué odiaba las matemáticas,
 yo contestaba que las letras eran mucho más fáciles;
mientras solo tenía que aprender 27 letras para crear páginas y páginas, necesitaba aprender miles de números para lograr multiplicaciones instantáneas.
Luego descubrí que los miles de números podía simplificarlos a diez.