El encuentro
Gourgout no dejaba de gesticular. Agitaba airosamente sus manos en el aire intentando añadir más palabras de las que podía articular con una sola boca mientras dedicaba innumerables gotas de saliva a mi cara. Por mi parte procuraba mantener la suficiente compostura como para no interrumpir, pero resultaba imposible llevar de vez en cuando mis
manos hasta los ojos intentando calmar el impacto producido por cada uno de sus proyectiles. Trataba de explicar la imposibilidad de darme cobijo aludiendo a lo mal que había estado yendo el negocio durante los últimos meses y, de vez en cuando, recordándome la busca y captura en la que me hallaba. Mostrándome tan impasible como sus fluidos permitían acepté, no sin antes recordarle que si no fuese por mí, años atrás, no existiría ni siquiera el suelo sobre el que estábamos hablando. Al principio creí que mis breves palabras lo habían hecho razonar y finalmente, y muy enfadado, aceptaría acogerme al menos durante una noche ya que su cara estaba completamente desencajada y sus ojos más fijos de lo normal... quizás mucho más de lo normal.
A mis espaldas podían estar sucediendo dos cosas: o la hembra más hermosa de los planos acababa de cruzar la puerta y Gourgout estaba absorto bajo su hechizo, o bien volvía a tener más de media milicia clavando sus ojos en lugares donde clavarían sus espadas y, puesto que
ninguna belleza se atrevería a pisar libremente este lugar, comencé la acción evasiva.
Salté tras la barra agarrando al dueño por el cuello mientras desenvainaba una de mis dagas y la apoyaba en su yugular siendo consciente de que jamás
le haría daño, pero también de que no tenía otra opción si quería tener alguna oportunidad de fuga. Lo que vi frente a mí era lo que había supuesto, pero desde luego no lo esperado; una mujer alta de facciones suaves y delicadas se alzaba con pretensión ante nosotros. Si no hubiese un hombre gordo siendo amenazado en aquel momento entre ella y yo la habría invitado a la primera cerveza, aunque probablemente la habría rechazado pues sus palabras fueron claras: Vendrás conmigo. Tenemos que huir.
- Las batallas de los terrenos de Athowyard -
manos hasta los ojos intentando calmar el impacto producido por cada uno de sus proyectiles. Trataba de explicar la imposibilidad de darme cobijo aludiendo a lo mal que había estado yendo el negocio durante los últimos meses y, de vez en cuando, recordándome la busca y captura en la que me hallaba. Mostrándome tan impasible como sus fluidos permitían acepté, no sin antes recordarle que si no fuese por mí, años atrás, no existiría ni siquiera el suelo sobre el que estábamos hablando. Al principio creí que mis breves palabras lo habían hecho razonar y finalmente, y muy enfadado, aceptaría acogerme al menos durante una noche ya que su cara estaba completamente desencajada y sus ojos más fijos de lo normal... quizás mucho más de lo normal.
A mis espaldas podían estar sucediendo dos cosas: o la hembra más hermosa de los planos acababa de cruzar la puerta y Gourgout estaba absorto bajo su hechizo, o bien volvía a tener más de media milicia clavando sus ojos en lugares donde clavarían sus espadas y, puesto que
ninguna belleza se atrevería a pisar libremente este lugar, comencé la acción evasiva.
Salté tras la barra agarrando al dueño por el cuello mientras desenvainaba una de mis dagas y la apoyaba en su yugular siendo consciente de que jamás
le haría daño, pero también de que no tenía otra opción si quería tener alguna oportunidad de fuga. Lo que vi frente a mí era lo que había supuesto, pero desde luego no lo esperado; una mujer alta de facciones suaves y delicadas se alzaba con pretensión ante nosotros. Si no hubiese un hombre gordo siendo amenazado en aquel momento entre ella y yo la habría invitado a la primera cerveza, aunque probablemente la habría rechazado pues sus palabras fueron claras: Vendrás conmigo. Tenemos que huir.
- Las batallas de los terrenos de Athowyard -

2 Comments:
Me gusta esta saga :)
¡Gracias! Aunque quien sabe cuanto va a aguantar... :)
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