Áspera
Parecía como si en los últimos días los caminos hubiesen existido tan solo para mí. No dejaba de caminar de un lado a otro y la poca comida que podía ingerir resultaba tan escasa que mi cuerpo comenzaba a quejarse con todo tipo de sonidos. Tras el trato pactado con Asot emprendí mi marcha hacia el reino de Athowyard acompañado por Áspera, cuyo objetivo era vigilar en todo momento mis pasos. Lo poco que había podido descubrir de ella es que se trataba de un tiflin un tanto peculiar: poseía la capacidad de polimorfarse, convertirse en incorpórea a su antojo y su potencial mágico era incluso una incógnita para el propio Asot; al menos, así era como la describía. Desconozco los motivos que llevaron a una tiflin y a un guarda sin escrúpulos a hacer un trato de tal envergadura, pero las obligaciones que pudiesen tener cada uno no formaban parte de mi interés, puesto que la necesidad de huir y seguir con vida resultaba más importante.
Así pues, nos encontrábamos camino de convertirme en futuro regicida bajo la perturbadora y atractiva mirada de un ser mestizo según el cual, por propias palabras de Asot, me obligaría y ayudaría a llegar hasta mi misión ante cualquier adversidad que me encontrase. Al principio me resultaba extraño pensar que hubiesen decidido optar por mí en lugar de hacer uso de todo el potencial que exhibía dicho ser, pero pronto recordé la imposibilidad de obligar a cometer tales actos a menos que resultasen complacientes para ella.
A medida que avanzábamos trataba de estimar la cantidad de días que nos llevaría llegar hasta mi destino y la posibilidad de sobrevivir a una huida siendo presa de un cazador como Áspera. Mis pensamientos fueron perturbados por unos asaltantes en nuestro camino; montados en sus enormes caballos ofrecieron el clásico trueque de dejarnos con vida a cambio de todo el oro que llevásemos encima. Mientras una de mis dagas comenzaba a asomarse para demostrar que no era mi primera vez, Áspera comenzó a reírse manifestando que tampoco era la suya.
- Las batallas de los terrenos de Athowyard -
Así pues, nos encontrábamos camino de convertirme en futuro regicida bajo la perturbadora y atractiva mirada de un ser mestizo según el cual, por propias palabras de Asot, me obligaría y ayudaría a llegar hasta mi misión ante cualquier adversidad que me encontrase. Al principio me resultaba extraño pensar que hubiesen decidido optar por mí en lugar de hacer uso de todo el potencial que exhibía dicho ser, pero pronto recordé la imposibilidad de obligar a cometer tales actos a menos que resultasen complacientes para ella.
A medida que avanzábamos trataba de estimar la cantidad de días que nos llevaría llegar hasta mi destino y la posibilidad de sobrevivir a una huida siendo presa de un cazador como Áspera. Mis pensamientos fueron perturbados por unos asaltantes en nuestro camino; montados en sus enormes caballos ofrecieron el clásico trueque de dejarnos con vida a cambio de todo el oro que llevásemos encima. Mientras una de mis dagas comenzaba a asomarse para demostrar que no era mi primera vez, Áspera comenzó a reírse manifestando que tampoco era la suya.
- Las batallas de los terrenos de Athowyard -

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