4.12.05

Chapter three

La puerta se cerraba lentamente tras la estancia. Un hombre alto y corpulento examinaba detenidamente la habitación con decoración burdeliana.

- Deberías comenzar a desnudarte - sugirió una voz femenina tras unas cortinas, arropada por un delicado olor a incienso que inundaba timidamente el lugar.

El hombre se despojó de su camisa y pantalón, tirándolos sobre la silla mas cercana. Se tumbó sobre la cama y vió su imagen reflejada en el espejo del techo. Ultimamente me he engordado. Mañana mismo empiezo a hacer flexiones.

- ¿Estas listo, cariño?

- Para ser una puta hablas demasiado - espetó el hombre casi sin dejar terminar de hablar a aquella voz.

Una figura femenina se dejó mostrar tras las cortinas. El hombre la miró de soslayo procurando no mostrar interés.

- Y tú para ser un caballero eres algo maleducado. Ten, ponte esto - unas esposas cayeron al lado de él.

- No pienso cumplir ninguna de tus fantasias. Eres tu quien debería ponerselas mientras haces lo que te ordene.

- ¿Es asi tambien como hablas a tu esposa?

- ¡Te importa una mierda como le hablo a mi esposa! ¡Estás aqui para darme placer!

- En realidad estoy aqui para hacerte pagar varios años de sufrimiento. Los hombres sois tan simples que deberíais haberos extinguido hace millones de años.

-"Maldita..." pronunció el hombre mientras intentaba incorporarse sin poder hacerlo, quedando tendido en la cama con una expresión atónita - ¿qué cojones me está pasando?

- Toxina paralizante. Una pequeña modificación convertida en aroma con efectos rápidos y drásticos, a menos que hayas consumido previamente su antídoto, cedido amablemente por tus amigos de la marina. En realidad, tienes un par de minutos para suplicar perdón por todos estos años de maltrato a tu mujer y aceleraré el proceso de la toxina, o bien callarte y pasar unos dolorosos quince minutos mientras tu cuerpo se convierte en un decrépito amasijo sin vida.


Fue un largo cuarto de hora para él.